martes, septiembre 26, 2006

... y abajo un mar que nunca se ve

Miré el cielo, encontré sólo nubes, "qué lindo, va a llover" -pensé. Misael me miró fijamente y con la punta del dedo índice de la mano derecha me dio un golpe seco en el pecho y me dijo con los ojos bien abiertos y sin pestañar : "¿estás seguro?, Mirá otra vez". Levanté la cabeza lentamente. Empalidecí al comprobar que lo que tenía arriba mío era el cielo raso. Cuando bajé la cabeza e intenté buscar a Misael no lo encontré, sentí un susurro que me decía al oído "no va a llover". Giré rápidamente, él no se movió de posición y quedamos frente a frente. Sus ojos se abrieron aún más. Sonrió como apreando algo con los dientes, giró y se marchó lentamente. No llovió, tenía razón, no puede llover nada de un pedazo de concreto gris, pero si puede parecer un cielo que está por llover. A medida que se alejó la luz del lugar pareció apagarse muy despacio.
Comencé a marearme, el techo me daba vueltas.

Me acostumbré a este estado porque hace un tiempo muy largo que estoy así, y la repetición de esta sensación me quitó temporalmente la conciencia. Pero acá estoy otra vez. Todavía no logro darme cuenta dónde me encuentro. Me siento sucio, sediento, sin fuerzas y casi no puedo moverme. Comienzo a desear que el agua caiga dentro de esta habitación. Empiezo a necesitarlo. Intento tomarme de las paredes pero ya no puedo llegar a ellas. En realidad no se si hay paredes cerca mío. Quedo tirado boca arriba respirando entreconrtadamente, necesito el agua. Mis ojos solo ven la oscuridad completa que hay sobre mí. ¿Dónde estoy?. Siento unos pasos. Comienza a iluminarse algo sobre mí, abro los ojos completamente. Miro el cielo, encuentro sólo nubes "que lindo, va a llover".

miércoles, septiembre 20, 2006

¿El dolor?

Miraba el rostro de toda esa gente.
Toda esa gente sabía que yo la estaba mirando.
A pesar de lo dramática de la situación no podía comprender el vacío que transmitían. Lo inhumano que se desprendía de sus gestos, a pesar de lo humana de la situación, se apoderaba todo el tiempo de ellos. Me asfixiaba y poco a poco llegué a pensar que no recordaban el dolor, pero sí sabían muy bien cómo comportarse frente al mismo y frente a todas esas miradas que observaban su dolor. Había formas claras y precisas de ser un doliente. Y más si se es parte de un dolor que es de público conocimiento. No llego a comprender aún que es lo que sucedía. Pero definitivamente me invadió y llegué a pensar que no podía distinguir un dolor sincero. Todo se veía transformado por nuestro ojos que los observaban. Las cámaras eran pequeños panópticos que controlaban y que ordenaban cómo se debían comportar frente a ella. No puedo distinguir porque todo se cubrió de certezas.
Me doy cuenta que las palabras que me atraviesan me transforman para siempre. La visión del mundo cambia. El mundo cambia. Justo antes de este hecho que viví Misael me había dicho: "me cuesta diferenciar en una pasión tan pública qué es sinceridad y qué es artificio". Después de cada una de sus palabras que me rozan, nada puede volver a ser lo que era.

martes, septiembre 12, 2006

zzzzzzzzzzzzz

Me dijo Misael una mañana mientras desayunábamos (aunque se que preparé desayuno para uno): "Por la mañana parece que uno está todavía dormitante o adormecido, pero después que se logra salir de ese estadío lo más probable es quedar dormido durante todo el día. Por eso no es nada raro cuando a la noche, a pesar del supuesto cansancio que tenemos, intentemos combatir el sueño, para lograr aunque sea un momento de lucidez. Después comprendemos que es mejor dormir, porque por lo menos existe en ese sueño nocturno, la posibilidad de soñar lo que hubiésemos deseado vivir ese día. Con esa esperanza se mueve y se justifica el mundo". Por suerte Misael es el que recuerda en esos momentos en que duermo en el día. Qué bueno que sería que en esos momentos no enmudezca, como le pasa siempre y me de una mano. Yo se que está atento a todo lo que hago durante el día y me mira con admiración, disfruta el estar conmigo en esos lugares donde yo sólo permanezco en mi superficie, aunque después yo no recuerde nada, porque fue lo mismo que una noche sin sueños. En el único lugar que no lo encuentro es en mis sueños nocturnos. Pero ahora comprendo que quizás para él, mi día dormido, sea el sueño que está soñando esa noche. ¿Seré sólo parte de un sueño de Misael?

Ya nada puede ser lo que era

No hay forma que pueda escribir sin que Misael me mire, ya me persigue con su mirada en cada lugar que estoy. Me admira y a la vez me hace sentir que estoy siendo engañado. Pero el juego se hace inevitable. Como nadie puede asegurar su existencia excepto yo, no me animo a negarlo. Puede disfrutar cada segundo en que la vida se me hace insoportable. Hoy me hizo una porpuesta muy rara: "te acompaño al laburo si vamos en bondi y en la hora pico, volvemos, todos apretados después que te acompañe a pagar tus impuestos, justo antes de que cierre el banco, en el que está en microcentro y tiene una sola caja". La verdad que no entendía, pero como con casi todo lo que me propone, me quejé un poco, pero accedí.
El día se me había hecho pesado, angustiante, cada segundo me rozaba lastimándome... pero también el día fue larguísimo, el recuerdo de cuando me levanté me parece más lejano que recuerdos de meses anteriores. Podrá permanecer en mi memoria el recuerdo de la angustia de lo que viví hoy con más fuerza que muchos recuerdos de alegría (que mantienen la misma lejanía con la felicidad que la angustia de esta tarde). Pero el día fue largo, lo puedo recordar, lo respiré, lo maldije, tuve el deseo de aniquilarlo por un instante, pero no fue así. El día se me hizo muy largo. En ese momento comprendí que Misael me había dado una pequeña idea de cómo hacer mas largo el tiempo, cómo dilatarlo.

A 8 años

A 8 años.
Ayer se cumplieron 8 años desde el 10 de septiembre de 1998. Día que se caracterizaría por ser igual a todos los demás, pero que se llamaba diferente: "12 de septiembre de 1998", esa diferencia también lo hacía igual a todos los demás porque todos los días son diferentes y el ser diferente es la unica condición que se respeta entre los días. Uno puede llegar decir "todos los días son diferentes", esto es lo que los hace a todos iguales: son diferentes.
En fin, me fui por las ramas, ayer se cumplieron 8 años, pero ya no me acuerdo de qué. Seguramente que no fue nada importante, porque no me puedo acordar. Me pasa lo mismo con la mayoría de los días, yo no me los acuerdo. Pero Misael siempre se acuerda de esos días que yo no recuerdo. Es fácil para él memorizarlos porque los días que él recuerda son casi todos iguales, y hasta a veces después que me cuenta que hice ese día me da la sensación que dijo cualquier cosa (ya que casi siempre me recuerda lo mismo). Pero no llego a comprender todavía, dónde quedan esos días en mi memoria. Son muchos días iguales que se fueron perdiendo en lo que yo recuerdo, pero no puedo entender cómo funciona, ya que Misael, aunque yo no lo viera algunos de esos días, sabe qué es lo que hice.
Me viene bien, creo, porque es parte de mi memoria, me ayuda a recordar esos días que por algo ya no puedo recordar. Cuando me relata qué es lo que hice, es como si supiera que alguna vez lo hice, pero en un pasado más lejano, aún más lejano de los 8 años que se cumplen hoy.
Ah, cierto, acá apareció Misael y me recordó de qué se cumplen 8 años hoy. Ese día estudié, comí, fui a correr, a nadar, tomé algunos colectivos y fue la primera vez que me animé a mirarla a los ojos. Se que lo hice un par de veces más, pero recuerdo sólo las primeras, que estaban llenas de dudas, ya que no sabía por qué esos ojos me miraban. Luego de tanto mirarlos sus ojos fueron una certeza, ya que sabía que sólo miraban porque yo los miraba, estaban completamente dirigidos a mí, preparados para hacer de ellos un recuerdo... esto empezó a pasar después que yo le dije que esos ojos no se olvidarían. Y así se transformaron en ojos llenos de certezas, de finalidad, de destino y totalmente preparados para convertirse en sombras. Así que por más que intente mirarlos nuevamente no permanecerán nunca más en mi memoria, pero sí en la de Misael, que por lo que empiezo a entender es el que se apodera de todo lo que con el tiempo se transforma en sombras.

La carrera

Me contó Misael que se enteró que dos amigos de él estaban por correr una carrera, este fin de semana. Según lo que me dijo, se estuvieron preparando muy duro. Este desafío representaba todo para ellos, principalmente para uno de ello (hasta contrató un preparador físico y un psicólogo deportivo que lo preparó en todos los aspectos para soportar la carrera, de ninguna manera iba a dar un paso hacia atrás en los 10 kilómetros que tenían por recorrer). En cambio el otro sólo decidió entrenar todos los días en el aspecto físico (quizás por eso pareció desde un primer momento estar en desventaja). Después de contarme todo esto me di cuenta que no podía perderme el dasarrollo de la carrera.
La carrera comenzaba en la avenida principal de nuestra ciudad, subía una colina en forma ascendente hasta llegar ál último tramo, que tenía una pequeña bajada que terminabaen forma abrupta, 5 metros después de la linea de llegada a unos 35 metros de altura. Era una especie de acantilado, con un pequeño arroyo que corría en la base del mismo, al lado de una vereda preparada para caminar junto al agua.
Fuimos con Misael justo a la línea de llegada, eramos los únicos dos espectadores, y como era de esperar, el mejor preparado de los dos venía a toda marcha, corriendo, con unos 2 metros de ventaja sobre el otro. Cruzó la línea a toda velocidad, con la cara llena de felicidad, los ojos cerrados y con el rostro apuntando al cielo. No pudo detenerse antes de llegar al borde del acantilado y comenzó a caer. Con Misael nos asomamos para ver la caída y pudimos ver cómo giró todo el cuerpo en el aire para ver con alegría si podía divisar al vencido, este último se asomó con una cara totalmente destruida del cansancio, porque llegó casi caminando a la meta. En ese momento, el que caía pudo ver el rostro del vencido y comprendió que no sólo había ganado la carrera, sino que todo lo que hizo para lograrlo dio sus frutos, ya que ni sentía el cansancio físico, era una victoria total. Por todo esto fue que levantó los brazos y gritó de alegría con los ojos bien abiertos, justo antes de reventarse contra el suelo.
"Qué final apretado". Me comentó Misael mientras volvíamos a casa.

martes, agosto 29, 2006